La mañana de Eva comenzó con el sonido seco de un cristal rompiéndose. No era un buen presagio. Al parecer, la gravedad había decidido ensañarse con su taza favorita justo el día de la entrevista más importante de su carrera.
El director guardó silencio un segundo y luego sonrió. Murphy, derrotado por primera vez en el día, se retiró silenciosamente a la esquina de la sala. Eva no solo consiguió el trabajo; consiguió la certeza de que, aunque la ley de Murphy sea implacable, la voluntad de una persona decidida lo es mucho más.
—Sé lo que parece —dijo ella, sentándose con una confianza que no sabía que tenía—. Pero si soy capaz de llegar a esta oficina a tiempo después de que el universo entero intentara detenerme, imagine lo que puedo hacer por su empresa cuando las cosas se pongan difíciles. Querido Murphy !Dejame En Paz! Eva M Soler ...
¿Te gustaría que de la historia o que exploremos algún desastre específico más para Eva?
—¿En serio, Murphy? ¿Hoy? —susurró Eva, mirando los restos de cerámica en el suelo. La mañana de Eva comenzó con el sonido
Para cuando Eva llegó al imponente edificio de cristal de la consultora, su traje blanco parecía un mapa de sombras grises y su peinado recordaba a un nido de pájaros en plena tormenta. Se detuvo ante el espejo del vestíbulo, agotada.
Eva conocía bien al "Sr. Murphy". No era un fantasma, sino esa ley invisible que dictaba que si algo podía salir mal, saldría mal, y preferiblemente en el momento más inoportuno. Se vistió con su mejor traje blanco, esquivando el café con la agilidad de un ninja, y salió de casa con diez minutos de antelación. El universo, sin embargo, tenía otros planes. El director guardó silencio un segundo y luego sonrió
Entró en la oficina del director general, quien la observó de arriba abajo con una ceja levantada. Eva, en lugar de disculparse o hundirse, soltó una carcajada genuina.